miércoles, 6 de enero de 2016

La caza

Encuentra un papel bajo su puerta con un extraño aviso. Antes de que pueda terminar de leerlo, el papel está en blanco. Quién dejó el papel y quién lo ha borrado son preguntas que no tienen una misma respuesta. Comienza la caza y el delirio. Sale a la calle. Observa si los rostros semiocultos en el interior de los coches le vigilan. Se detiene en los portales y espera a que todos pasen sin ser consciente de la medida del tiempo. Sentado en el metro, alguien le mira al otro lado del cristal. Choca con un vagabundo harapiento, el viejo se disculpa y le llama por su nombre. Antes de reaccionar, descubre en su bolsillo una nota con una dirección, pero no recuerda haberla puesto allí ni reconoce la letra. Acude al lugar, todo parece extrañamente tranquilo. Habla con un policía que no le hace caso, todos le miran y hablan en voz baja con gestos cómplices. Sentado en un parque, siente que una mano se posa en su hombro, pero es de noche y no hay nadie alrededor. Camina entre las sombras de vuelta a casa, y las sombras se mueven. Sube la escalera con rapidez y se cruza con vecinos que ríen y saludan como si supieran algo que él desconoce. Se duerme, se desvela y guarda silencio para escuchar quién respira en la oscuridad. Encuentran su cuerpo sobre el sillón. Alguien le ha disparado por la espalda, pero sólo encuentran sus huellas en la pistola. Resulta sospechoso.