Su mirada ilumina todo lo que alcanza. Mientras camina por los pasillos de la casa, la vista al frente, una luz esplendorosa inunda las estancias. La luz le tranquiliza y le cautiva, todo resulta comprensible, bello, inmediato. El mundo brilla angelical y matutino, y también sus ojos brillan con la sonrisa de un rostro amable. Sin embargo, intuye tras de sí una presencia inquietante, lo invisible que se oculta siempre a nuestra espalda. Siente el espesor de la sombra detrás, siente su roce en la base del cuello, su calor en los hombros. Trastornado por la incómoda presencia, se gira para buscarla, pero todo se ilumina al volver la vista, mientras la sombra gira subrepticia al mismo tiempo y se mantiene firmemente pegada a sus espaldas. Víctima de una intuición, cierra los ojos intentando huir, para encontrarse de frente con la oscuridad, sin escapatoria.
domingo, 22 de abril de 2018
La mancha
Sabe que su cuerpo no es agraciado, ni su rostro agradable, pero sus sentimientos son nobles y tranquilos. Trabaja duro, no malgasta lo que gana, y mantiene en orden sus cosas y su vida aunque no vive con nadie que se lo exija. Nunca disputa con nadie, sus conocidos no le aprecian, pero tampoco se muestran contrariados con su compañía, simplemente resulta indiferente a unos y otros. Cierto día, descubre sobre su cuerpo unas manchas purulentas de apariencia regular que quizá encierren un significado al que no da importancia y que cambian su vida de manera inesperada y terrible. Acude a socorrer a una vecina parturienta, pero es tarde y el niño muere asfixiado dentro del vientre de su madre. Un compañero del trabajo tropieza con unas herramientas que alguien dejó tiradas, se golpea la cabeza y sangra de manera incontrolable. Atropellan a un peatón por descuido y se dan a la fuga abandonándolo. Mientras las manchas van creciendo hasta invadir progresivamente su cuerpo, la cadena de desgracias se multiplica, y unos y otros, íntimos o desconocidos, quienes entablan relación con él, sufren o mueren por causas inesperadas, trágicas y perfectamente comprensibles. Descubre ante el espejo que toda su piel está manchada, y que asoman llamativamente algunos caracteres marcados sobre el torso en un alfabeto extraño. Angustiado, interroga libelos y tratados que le consumen durante largas noches, consulta a expertos en lenguas muertas, criptografías, simbologías olvidadas, pero no hay respuesta. Por fin, una anciana versada en las artes oscuras le habla de un libro con atroces sortilegios, antes de comprender que ya es un muerto que camina, y que, por una extraña virtud, el libro ha cobrado vida en su piel, y le roba el oxígeno y la sangre para traer al mundo el caos y las imágenes que invocan sus palabras.
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