Prepara cuidadosamente el viaje, la ropa que necesita, algunas lecturas, una comida frugal. Palpa en el bolsillo la carta de recomendación que le abrirá la puerta para un buen trabajo en su nueva ciudad. La estación es ruidosa y desorganizada, pero el tren es limpio, los vagones espaciosos y los pasajeros elegantes, incluso distinguidos. Toma una manta, se acomoda junto a la ventanilla y se deja dormir. Cuando abre los ojos, observa los extraños adornos del compartimento, fotografías ajadas de paisajes boscosos, lúgubres caserones señoriales, nombres escritos con caracteres que no comprende. Las paredes enteladas están oscurecidas, las bombillas iluminan con debilidad, y el aire señorial, ahora se le antoja decadente. La luz del día que amanece indica que se dirigen hacia el este. No reconoce las montañas que el tren atraviesa, aunque no es la primera vez que realiza el viaje. Inquieto, sale al pasillo y observa a los viajeros que comparten el vagón. Le ignoran silenciosos con ojos resignados e inexpresivos. Recorre numerosos vagones que repiten la escena multiplicada en las formas y en el aspecto empeorado. Unas ratas roen restos de comida junto a un viajero inmóvil, de las oscuras esquinas asoman arañas que recorren velozmente las paredes, hay cuerpos arrinconados bajo los asientos, el olor es cada vez más intenso, pestilente cuando salta de un vagón a otro sobre el estruendo de los raíles. Después de mucho andar, incomprensiblemente, llega de nuevo a su compartimento, o a uno que resulta ser exactamente igual, aunque distinto. El revisor espera. Toman asiento y comprueban el billete. Todo ha sido una terrible confusión, el tren equivocado. Quisiera escapar, pero este tren sólo realiza el trayecto de ida, un tren fantasmal que camina a un destino que nunca alcanza y del que no se puede regresar, donde los cuerpos y las almas viven una muerte interminable y lenta. El silbato penetrante de la máquina y la tremenda carcajada del revisor crujen dentro de su cabeza hasta el dolor y la locura. Bienvenido a bordo, ha comenzado usted el último viaje.