Un escritor mediocre que no confía en lograr reconocimiento por su trabajo sueña una noche con un libro misterioso y antiguo que se escribe solo. El sueño tiene
el indefinido sabor de una pesadilla difícil de contar. En la confusa visión,
sólo tiene que apoyar la pluma y completar las palabras que van apareciendo
sobre el papel. Asombrado con el hallazgo, se deja llevar y escribe un relato
que, a la mañana siguiente, está finalizado sobre su mesa. El argumento es
sencillo, pero de una veracidad estremecedora que roza lo espantoso. Un
conocido editor gusta del resultado y lo compra convencido de que tendrá el
favor del público. El escritor ansía la llegada de cada noche en espera de que
el sueño se repita, lo cual sucede en numerosas ocasiones, todas las cuales
finalizan con un nuevo texto disponible en su escritorio al despertar, otro éxito
comercial que, al cabo de un tiempo, le granjean el deseado reconocimiento.
Para no desmerecer su nueva fama, no confiesa a nadie el origen de los relatos,
ni el precio de tener que revivir la pesadilla nocturna de la escritura. Una
noche, mientras da forma a las palabras que dicta el libro, comprueba que, en
esta ocasión, el argumento trata sobre un escritor que es él mismo. La historia
se encamina ante sus ojos hacia un trágico final donde encontrará una muerte
terrible e interminable, convertido en la pesadilla que otro escritor deberá
completar innumerables veces. En el delirio nocturno y sudoroso, preso de la
curiosidad por el desenlace, continúa hasta finalizar el relato y comprobar que
no es la primera víctima, ni será la última, de un libro que asesina en sueños,
cuyo título nunca ha sido escrito. Al amanecer, el nuevo texto está terminado
sobre su mesa, mientras su cuerpo yace junto al ventanal en el aire frío de la
mañana.